SALUD INTEGRATIVA    NATURAL     MENTE-CUERPO

Desarrollar nuestra inteligencia ecológica no es más que tomar decisiones que permitan recuperar el contacto con lo que verdaderamente somos, lo que mejora nuestra salud física y emocional. (Daniel Goleman)

 

PSICOLOGÍA ECOLÓGICA Y SISTÉMICA

Una psicología que atiende la globalidad ecológica del ser humano y su entorno.

 

La Organización Mundial de la Salud definió la salud como el estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad. Por consiguiente, no sólo es importante combatir la enfermedad cuando aparece, sino que para tener una mejor y verdadera salud, es vital tener en cuenta y prevenir los efectos de los factores medioambientales de nuestro entorno que pueden incidir negativamente en el bienestar físico, mental y social, así como mejorar nuestra respuesta a dichos factores. Somos lo que hacemos y hacemos según somos. Este enfoque, en contraposición al modelo sanitario biomédico, responde a un modelo de tipo biopsicosocial.

 

Bajo la premisa de que el comportamiento de las personas y el ambiente se influyen mutuamente, la psicología ecológica estudia los cambios de conducta de la persona analizando el proceso de desarrollo del organismo –cuerpo y mente- en su relación e interacción con el entorno y el medio ambiente, tanto físico como social. La familia, los amigos, la escuela, la alimentación, los hábitos de salud, el trabajo, la cultura, las tradiciones, las instituciones, la economía, la calidad ambiental o las relaciones sociales entre otros, son factores que estimulan e intervienen en la formación de valores, habilidades, hábitos de conducta o estados emocionales, etc., y que en combinación con las características genéticas y constitucionales de cada uno, influyen decisivamente en nuestro desarrollo y evolución vital, en nuestro comportamiento, en quiénes somos, en cómo nos encontramos... Nuestro entorno es capaz de producirnos felicidad o infelicidad, satisfacción o frustración, bienestar o malestar, salud o enfermedad, e incide en nuestro estado de salud física y mental.

Los componentes cognitivos de la persona comprenden sus creencias, ideas, valores y conocimientos, así como sus experiencias, sobre los que se fundamenta su conducta. Estos componentes, han sido configurados mediante su interacción con los distintos sistemas de su entorno, microsistemas, ecosistemas, macrosistemas… Desde ellos, las personas nos acercamos al mundo en que vivimos, ya sea mediante patrones lingüísticos, esquemas representacionales, hábitos de salud, etc. Por lo tanto, no son componentes inamovibles, sino que pueden ser modificados, siendo además, bastante accesibles. También pueden ser modificables los componentes afectivos, que permiten evaluar de forma positiva o negativa los estímulos del entorno, afectando al estado anímico, emocional o motivacional, los cuales a su vez, pueden promover comportamientos positivos o negativos que pueden tener a la larga, repercusiones importantes en la salud. Suele ocurrir es que, en muchas ocasiones, cuando una enfermedad ya hace tiempo que se ha desarrollado, nadie se acuerda de la relación causa-efecto que tuvieron circunstancias afectivas anteriores que quedaron sin resolver… De ahí la necesidad de actuar sobre las verdaderas raíces de los problemas.

El modelo psicológico ecológico es un utilísima herramienta que permite integrar holísticamente diversos conocimientos, examinándolos desde una óptima sistémica, permitiendo elaborar estrategias de intervención, tanto en el grupo como en la persona, permitiendo la comprensión de la verdadera naturaleza de los problemas y, por lo tanto, de analizar e intervenir en los factores situacionales e individuales que median en los procesos adaptativos o inadaptativos de la persona y que le pueden crear tensiones psicológicas que más adelante se pueden convertir en trastornos psicopatológicos, enfermedades psicosomáticas o físicas.

Esta toma de conciencia sobre la importancia del intercambio permanente entre nosotros y nuestro entorno físico o social como productor de nuestras realidades, es decir, ser consciente de que la persona no es un producto pasivo del ambiente, sino que mantiene un intercambio dinámico con él, es vital para comprender que modificando y cambiando nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento, así como la manera de gestionar más positivamente nuestra relación con los diferentes sistemas que nos rodean, podemos prevenir y mejorar nuestro bienestar físico, psicológico y social, lo que equivale a decir nuestra salud. Podemos construir una nueva realidad.